“EDUCACIÓN SEXUAL Y DERECHO A LA EDUCACIÓN”
- La posibilidad de implementar la ley 2110 de Educación Sexual Integral es una gran oportunidad que tenemos l@s docentes para posicionarnos como sujetos históricos, deconstruir la realidad y crear formas más justas y más sanas de relacionarnos.
El cambio ya ha comenzado: los miedos y las tensiones disminuyen, y el tema comienza a instalarse en las escuelas. Es el tiempo de repensar prácticas, de buscar alianzas y acercamientos con las familias, de crear trabajo colectivo.
-La educación sexual estuvo siempre pero desde el silencio, la negación o esfuerzos aislados. Todo el tiempo la escuela educa en sexualidad pero en forma inconciente, desde lo que prohíbe, lo que habilita, el lenguaje, la corporalidad. La ley propone una educación sistemática, transversal y adecuada a cada edad.
-Hay que superar la mirada restringida sobre la sexualidad, que se focaliza en prevención de enfermedades y embarazos. Se necesita construir lazos de confianza, un modo de presencia diferente. Habilitar la palabra, promover la escritura, la expresión de emociones como un modo de estar en el mundo, de nombrar y ser nombrado, la posibilidad de escribirse a sí mismo. Hablar y escribir en un espacio de confianza y escucha puede ser un lugar de sanación y construcción.
-Las y los docentes somos en muchos casos el único oído confiable que un/a chic@ tiene para hablar en casos de abuso, violación o maltrato. La conformación de redes de trabajo en la escuela nos permitiría afrontar estas cuestiones con menos angustia y mayor solidez. Saber qué hacer tranquiliza y da más herramientas para actuar en la defensa de los derechos de nuestr@s alumn@s. Trabajar la perspectiva de género nos ayudaría a desarmar muchas prácticas naturalizadas y que causan sufrimiento, violencia e incomunicación.
- La posibilidad de implementar la ley 2110 de Educación Sexual Integral es una gran oportunidad que tenemos l@s docentes para posicionarnos como sujetos históricos, deconstruir la realidad y crear formas más justas y más sanas de relacionarnos.
El cambio ya ha comenzado: los miedos y las tensiones disminuyen, y el tema comienza a instalarse en las escuelas. Es el tiempo de repensar prácticas, de buscar alianzas y acercamientos con las familias, de crear trabajo colectivo.
-La educación sexual estuvo siempre pero desde el silencio, la negación o esfuerzos aislados. Todo el tiempo la escuela educa en sexualidad pero en forma inconciente, desde lo que prohíbe, lo que habilita, el lenguaje, la corporalidad. La ley propone una educación sistemática, transversal y adecuada a cada edad.
-Hay que superar la mirada restringida sobre la sexualidad, que se focaliza en prevención de enfermedades y embarazos. Se necesita construir lazos de confianza, un modo de presencia diferente. Habilitar la palabra, promover la escritura, la expresión de emociones como un modo de estar en el mundo, de nombrar y ser nombrado, la posibilidad de escribirse a sí mismo. Hablar y escribir en un espacio de confianza y escucha puede ser un lugar de sanación y construcción.
-Las y los docentes somos en muchos casos el único oído confiable que un/a chic@ tiene para hablar en casos de abuso, violación o maltrato. La conformación de redes de trabajo en la escuela nos permitiría afrontar estas cuestiones con menos angustia y mayor solidez. Saber qué hacer tranquiliza y da más herramientas para actuar en la defensa de los derechos de nuestr@s alumn@s. Trabajar la perspectiva de género nos ayudaría a desarmar muchas prácticas naturalizadas y que causan sufrimiento, violencia e incomunicación.
- Debemos romper el aislamiento y ser protagonistas. Hay que promover y defender la necesidad de capacitarnos, para revisar nuestros propios prejuicios. La educación sexual es un derecho humano e implica otros derechos: a la salud, a la educación, a la información. Debemos exigir políticas efectivas, con horas pagas de capacitación, con la conformación de equipos sólidos y sostenidos en el tiempo, que construyan conocimiento según la realidad de cada escuela. Para ello el Estado debe asegurar la creación de espacios y tiempos de reunión, de estudio, de talleres y la incorporación de la Educación Sexual Integral en el Proyecto Escuela de todas las instituciones. Exigirlo es parte de nuestro compromiso con la defensa de nuestros derechos y los de l@s chic@s.
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